Anoche de camino a casa me crucé con un grupo de muchachas de buen ver, hablaban en inglés y se hacían fotos por la calle, risueñas y felices.
Al pasar por su lado entré en una nuve de dulces perfumes y agradables texturas, y de inmediato me vi en una vorágine de sexo, rodeado de tetas, culos, muslos y bocas.
Al alzar la vista había un hombre con su perro meando en un container, y olía a basura.
La realidad huele mal.
Viernes, Mayo 23, 2003
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