Freddie

Días de mucho, vísperas de nada. Exhibicionismo sentimental

Lunes, Abril 4, 2005

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Nostalgia con Queen

• El renovado grupo británico revivió sus éxitos en un Palau Sant Jordi lleno

De izquierda a derecha, Paul Rodgers, Roger Taylor y Brian May, la noche del viernes en Madrid. Foto: EFE / ALBERTO MARTí?N

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

El espí­ritu de Queen se reanimó anoche, dos décadas después de su época de esplendor, en el Palau Sant Jordi ante 18.000 personas que habí­an agotado las entradas del local olí­mpico. El guitarrista Brian May y el baterí­a Roger Taylor, supervivientes de la formación clásica del grupo británico, capitalizaron las miradas en alianza con Paul Rodgers, cantante fichado para la temeraria misión de suplir a Freddie Mercury, fallecido en 1991. Inevitablemente, el carismático vocalista fue el gran ausente de un repertorio que pasó revista a la mayorí­a de los éxitos que el grupo registró en los años 70 y 80.
Un desajuste en el transporte del montaje escénico desde Madrid, donde el grupo actuó el viernes por la noche, retrasó una hora el inicio del concierto, lo cual puso a prueba el aguante aní­mico de los fans. Estos tuvieron que superar una cola XL hasta que, a las 22.30 horas, arrancó el show. Lo hizo con un Paul Rodgers atacando la pieza Reachin’ out, que rápidamente condujo a Tie your mother down. Desde los primeros acordes quedó claro que, pese a 19 años de ausencia en los escenarios, el repertorio de Queen sigue siendo uno de los más populares del rock. Muchas canciones contaron con el espontáneo apoyo coral del público del Sant Jordi, que dominaba no sólo estribillos sino estrofas enteras.
Rindiendo honor a Paul Rodgers, voz de culto del rock de los 70, el grupo incluyó en el repertorio algunos clásicos de sus viejos grupos, Free y Bad Company. Como Can’t get enough. Pero el rumbo de la noche quedó fijado rápidamente: I want to break free y Fat bottomed girls dejaron claro que ésa era una noche de grandes éxitos de Queen. Apoyando el show, un escenario con luces estridentes y una pasarela que se adentraba en la pista. A May, Taylor y Rodgers, semiapartados de la carretera en la última década, debí­a costarles esfuerzo recordar la última vez que disfrutaron de auditorios tan multitudinarios como el de anoche. Junto a ellos, tres refuerzos: Danny Miranda (bajo), Jamie Moses (guitarra) y Spike Edney (teclados).
Con Crazy little thing called love siguió el baño de éxitos, hasta que Rodgers, con guitarra acústica, evocó a Bad Company con Seagull. Dio paso a un momento May muy ovacionado, cuando el guitarrista recordó ’39 y dedicó, en castellano, “una canción para Freddie” que no era otra que Love of my life. Doble recuerdo, pues, al rock rococó de A night at the opera.

EL RETO VOCAL
La parcela vocal, la más comprometida, la salvó Rodgers con una interpretación sentida y profesional, aunque de comparación imposible con Mercury. Hubo momentos corales y interpretaciones de May y Taylor que matizaron el protagonismo de Rodgers. í‰ste, en cualquier caso, recayó en las canciones, prodigadas en incontables recopilaciones discográficas en las últimas tres décadas.
En el bloque central del concierto hubo espacio para Hammer to fall (iniciada en un engañoso registro acústico), A little bit of love, I’m in love with my car (cantada por Taylor) y un largo solo de guitarra de May. En These are the days of our lives, Taylor volvió a ponerse frente al micrófono.
Entre palmas casi tan sincronizadas como en el correspondiente ví­deo, llegó Radio gaga, que, como era previsible, no fue interpretada por el rockero Rodgers sino por Taylor, su compositor. Y otro guiño a Bad Company, Feel like makin’ love, alteró brevemente la recta final. A kind of magic recordó el idilio de Queen con la radiofórmula e I want it all reanimó su ramalazo más hard rock. Canciones que empequeñecieron cuando el grupo atacó la madre de todas las batallas: Bohemian rhapsody. Ahí­ fue imposible evitar el recuerdo a Mercury, que interpretó virtualmente una parte de la pieza desde la pantalla de ví­deo.
El espí­ritu de la gira no deja lugar a dudas: The show must go on (El espectáculo debe continuar), recordaron a continuación. Así­ que, tras el recuerdo a Free de All right now, ya sólo quedó coger aire y dejarse arrastrar por la épica marcial de We will rock you y We are the champions, himnos que han amenizado tantas escenas de delirio futbolí­stico. Pero, anoche, quien ganó por goleada fue el espí­ritu de Freddie Mercury.

...sin lugar a dudas.
Queen sobrevive a la nostalgia de Mercury
La banda británica ofreció anoche, en el Palau Sant Jordi, un repaso de sus grandes éxitos de siempre
El momento más mágico llegó cuando sonó la voz de Freddie Mercury entonando ‘Bohemian Rhapsody’

XAVIER ALDEKOA – 03/04/2005
Barcelona

Cuenta la leyenda que el ave más hermosa, el Ave Fénix, conseguí­a renacer de sus cenizas con su belleza y vitalidad intactas. No es difí­cil establecer un paralelismo entre esta historia mitológica y la banda británica Queen, que ayer actuó en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Separada tras la muerte de Freddie Mercury en 1991, Queen volvió ayer a la capital catalana -donde no tocaba desde 1986-con su nueva voz, Paul Rodgers, al frente. El enigma era saber si el grupo conseguirí­a renacer manteniendo intactas su fuerza y vitalidad musical.

Aunque con más de una hora de retraso debido, según la organización, a un mal cálculo en el tiempo de traslado de material desde Madrid, donde la banda habí­a actuado la noche anterior, Rodgers se esforzó desde un principio en estar a la altura de una de las bandas más emblemáticas de los años 70 a los 90.

Tie your mother down fue el tema escogido para calentar las 18.000 gargantas del Palau, ansiosas por gritar después de tanta espera, y abrir una noche en la que la banda ofreció casi todas sus canciones más mí­ticas, más algún tema compuesto por el ex de Free y Bad Company.

Ante la ausencia obligada de Mercury y la voluntaria del bajista John Deacon, que decidió abandonar la banda tras el fallecimiento de su compañero, los dos miembros originales de Queen, el guitarrista Brian May y el baterí­a Roger Taylor, se echaron el concierto a la espalda con un generoso repertorio de solos de guitarra y ritmos de puro rock.

Además de Paul Rodgers, ambos contaron con la colaboración de un público entregado que cantó a pleno pulmón temas como I want to break free,Fat bottomed girls o Crazy little thing called love.

La primera parte del concierto se cerró con el tema compuesto por Rodgers, Seagull,con Roger Taylor a la percusión. Durante estos minutos de calma, Brian May se atrevió en solitario con el tema 39 y Love of my life,que dedicó a la memoria de Mercury y llenó de mecheros el estadio.

El concierto derivó entonces hacia un tramo mucho más rockero en el que Brian May ofreció solos de guitarra de hasta diez minutos en uno de los momentos de mayor conexión entre un público entregado y el veterano músico.

Temas mí­ticos como Radio Ga Ga,Kind of magic o I want it all,sirvieron de puente hacia el momento más mágico de la noche cuando sonó la voz de Freddie Mercury entonando Bohemian Rhapsody.Al mismo tiempo, una pantalla gigante ofrecí­a imágenes del cantante en el ví­deo Live at the Bowl.En el tramo final del tema, el grupo se le unió a tiempo real y desató la locura entre sus seguidores que corearon el nombre de ex lí­der de la banda al final de la canción.

Tras un breve descanso para dar paso a los bises y ya en el tramo final de la noche, sonaron algunas de las canciones más emblemáticas de la banda británica que se han convertido casi en himnos para muchos de sus incondicionales. La eléctrica The show must go on,con un excelente juego de luces y con el público silenciando a Rodgers en varios tramos, We will rock you o la futbolera We are the champions cerraron un concierto en los que Queen dejó claro que es capaz de sobrevivir a la magia y el espectáculo de Mercury con una fuerza y vitalidad rockera que se mantienen casi intactas.

posted by Freddie at 1:07 am  

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