Hay gente viva que sigue caminando todos los días, pero muere en nuestros pensamientos.
El tiempo que todo cura, que todo mata, se encarga de migrarnos lentamente de la cotidianeidad al más absoluto de los olvidos, llegando a un punto de cero pensamiento, no evocar, no recordar, ya no se echa de menos. En ocasiones aparece algún recuerdo a modo de referencia de una vida pasada. Pero se les recuerda como a un muerto. Sin ternura. A veces sí.
Viernes, Junio 23, 2006
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