Cuando era más joven que ahora tenía 4 factores importantes en mi vida: no tenía trabajo (tampoco lo quería, y sigo sin quererlo!), tenía problemas en casa (la mayoría escudados en la falta de trabajo), tenía mucho tiempo libre (obviamente) y no tenía un ordenador que me absorviera.
Esos 4 puntos en conjunto me dotaban de un gran mundo interior y me daban mucho tiempo para mis pensamientos y/o reflexiones, vulgarmente llamados comidas de olla.
Una de las cosas que solía hacer cuando los problemas me ahogaban o había tenido algún marrón importante era escapar, escapar por la noche, andando muy rápido y yendo a algún lugar que me fuese significativo, posiblemente anhelado porque ahí pasé algún buen momento que quería revivir, porque aunque ahora echo de menos aquellas escapadas en aquellos momentos lo pasaba realmente mal.
Ahora tengo ganas de escapar un rato, de visitar algunos de aquellos lugares, sería como la vuelta a la escena del crimen que tóntamente hacen algunos asesinos.
Se que no debería hacerlo, que ya no tiene sentido, que no puedo seguir engañandome ni haciendome falsas promesas… pero en algunas mañanas soleadas o en noches de astío mis pensamientos se funden de nuevo con un tiempo pasado, y vuelvo a disfrutar un ápice de lo que una vez fue.
Anclado una vez más.
Una vez tuve una vida, no era fácil pero era mía (Calamaro)
(Se que algún día este día será anhelado, pero hasta entonces…)
Me encuentro en el punto exacto que reflejas en tu texto. He encontrado en tus palabras un reflejo de las sensaciones y pensamientos que se instalaron en mi cabeza sin ni siquiera darme cuenta, y que parece no querer irse.
Grande Calamaro!, grande ese tema, cuantas veces he recurrido a su escucha…
Arti
Comentario por arti — 26 Abril 2008 @ 17:03 pm
me encanto tu post; siempre habra pasado al cual regresar, asi que la vida no deberia ser tan complicada; yo sigo teniendo esos lugares que me dan una extrania dosis de sosiego.
Comentario por gaby — 19 Febrero 2009 @ 20:05 pm